¿La ley reglamenta el hábito o plantea un marco de límites?
16-07-2010
El congreso argentino instaló en estos días una polémica con el matrimonio gay que venimos arrastrando hace décadas pero que tiene que ver con una cuestión doctrinal de fondo: ¿cuál es la misión al legislar?
La sociedad va cambiando constantemente, no solo hay un recambio de modas y costumbres sino también de límite. Hace cien años un esclavo era una comodidad familiar de los nobles, pero también era un límite para el esclavo mismo que sabía que por haber nacido dónde y cómo nació se vería adecuado a obedecer ciertas imposiciones sociales perfectamente lógicas para ese momento histórico. Es un ejemplo trillado pero perfectamente válido.
Entonces, la discusión de fondo, va más allá de dos hombres casándose. Tiene que ver con ponernos de acuerdo en la función que tienen las leyes: ¿están para ordenar el hábito y reglamentar lo que la sociedad (o parte de la sociedad) hace o sirve para establecer límites de acción para lo que justamente la sociedad debería hacer?
Si consideramos que las leyes deberían ser duras y marcar límites probablemente el divorcio no existiría. Ahora si, por el contrario, proponemos que la ley se ajuste a la costumbre social seguramente no existiría la figura de adulterio porque “todos lo hacen” y no debería ser punible.
Hay matices, siempre los hay, pero el centro de esta discusión no debería ser una ley en particular sino el modelo de construcción legislativa que queremos para nuestro país.
La importancia de consensuar una identidad
La ley está para marcar límites, pero cuando esos límites dejan de ser válidos y necesitamos romperlos para construir otros nuevos tenemos que sentarnos a pensar seriamente qué nos define como sociedad y nación porque deberíamos tener instituciones pilares que nos sirvan como eje y de contrapeso a los límites.
Este país reconoce la bajada de línea dogmática católica a nivel constitucional. ¿La iglesia católica no es una institución sobre la que guiarnos? Perfecto, pero busquemos un eje. Ese, aquel, otro, cualquiera que nos identifique globalmente como nación. De lo contrario la exégesis social será tan distinta dentro de 10 años que como sociedad nos quedará solo el nombre.
¿Tenemos acaso una identidad como sociedad? ¿Somos socialmente la suma de 42 millones de alborotados argentinos queriendo imponer preferencias o tenemos en común alguna línea de pensamiento que nos agrupa?
Deberíamos buscarla y comenzar a sentarla a la mesa cada vez que vamos a discutir como sociedad, evitaríamos muchos desencuentros y dejaríamos de ser 42 millones de argentinos pensando en uno mismo como un todo absoluto.





