Sergio Melzner

Comunicacion online

Las ganas humanas de creer forzando cualquier placebo

10-05-2010

ver-creerEl ser humano tiene como condición inherente a si mismo la necesidad de creer constantemente en cuestiones que le den fundamento a sus decisiones, preferencias y errores. En un extremo podemos encontrar a los fundamentos razonables y por otro a la fe pura, en el medio una larga colección de combinaciones que dan lugar a híbridos entre lo más lógico y lo más descabellado.

ver-creerFundamentar una cuestión con algo razonable es sumamente útil para entender la cadena de causa-consecuencia, pero ¿qué pasa cuando nuestras razones no son razonables? Este problema no es nuevo, hace miles de años las sociedades vienen dándole una explicación épica a cuestiones naturales, sociales o circunstanciales de lo más tragicómica.

¿Por qué preferimos mentirnos? Las razones son muchas: es más fácil que aceptar una realidad bastante más compleja, nos gusta sentir que somos parte de algo más grande que excede nuestra condición de individuos, nuestro espíritu creativo se alimenta de más creatividad aunque esta no sea real (películas, ficción, etc), nos da seguridad creer que dependemos de una cuestión que causalmente nos juega a favor (religión, por ejemplo) y principalmente porque no queremos ser los responsables principales de estas cuestiones.

Dicen que cuando creemos lo suficiente las cosas suceden, ¿de hacer ni hablar, no? Esto se conoce generalmente como efecto placebo y no es objeto de estudio solo de la medicina, sino también de la psicología por su forma de afectar el comportamiento.

Hay en el mundo personas apostando a cuestiones sin fundamentos: desde personas humildes que creyeron fielmente en inmobiliarias que ofrecían cosas irrisorias con el sueño de “la casa propia”, hasta reconocidas figuras del mundo que lucen conformes pulseras Power Balance porque estas ofrecen “un holograma de MYLAR en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo” (sic) que, por cierto, son una moda mundial y éxito en ventas.

Quieren creer, y creen. Gracias a una conexión emocional están convencidos de que funciona, y quizá algunas veces lo haga por el tan conocido efecto placebo. Lamentablemente los seres humanos estamos forzando cada vez más el efecto placebo, extendemos el límite de lo creíble por fuera de lo razonable y, desde la religión o la ciencia, demostramos que la evolución es un desafío.

Y es que cabe preguntarse seriamente cuáles son los parámetros para medir la evolución humana. Acaso ¿se puede hablar de evolución cuando una gran mayoría del mundo está, por ejemplo, claramente sesgada y cegada por la religión? Nos quejamos de la televisión, del poco feedback y en esta revolución comunicativa en internet nos pasamos hablando monotemáticamente del iPad.

Nosotros constituimos nuestro principal boicot, ni las grandes corporaciones ni los grupos económicos/políticos. Somos los seres humanos los que priorizamos un placebo por sobre razones más o menos agradables pero, a fin de cuentas, reales.

En todo caso, más allá de las quejas, la pregunta principal sería ¿Cómo cambiamos este escenario cuando nuestro público nace y crece sesgado? ¿Cómo razonar con personas que viven de la fe?