Para los habitantes de este bendito país no es nada nuevo decir que tenemos problemas estructurales de fondo que hace años siguen pendientes de resolver, y por mucho que nos quejemos siguen ahí paradójicamente retroalimentados por nuestra propia inacción.

Problemas de infraestructuraInternet suele levantar la voz con un poco más de vértigo, las quejas suelen ser más sencillas y por ende más llamativas, la noticia es que eso no es suficiente.

Ayer me uní a un grupo en Facebook llamado yo también vivo en Corrientes y me cortaron la luz con 50º de calor donde casi 2 mil personas se quejan de los consistentes problemas que la DPEC (Dirección Provincial de Energía de Corrientes) con sus cortes de luz reiterados le dan a la ciudad de Corrientes. Me tocó de cerca este caso, porque hasta hace no mucho tiempo vivía los mismos inconvenientes constantes, y créanme que es literal: 4 o 5 cortes diarios, sin excepción, durante todo el verano que terminaban haciendo del día un calvario.

Tengo 22 años, pero me es suficiente para recordar como cada año (también sin excepción) los problemas eran los mismos, había quejas reiteradas y mucho ruído pero que -pasado el calor- nadie se preocupaba por ese problema específico que luego, unos meses después, volvería a acecharnos.

La sociedad argentina padece de amnesia a corto plazo, es recurrente y bastante perjudicial. Si a eso le sumamos una carente capacidad de análisis real, a las causas y por fuera de los síntomas, tenemos un combo bastante peligroso.

Nos quejamos de la pobreza, de la inseguridad, de una gran cantidad de síntomas de nuestras propias elecciones, y no caigamos en el facilismo de creer que esas elecciones se dan solo cada cuatro años porque día a día la corrupción la llevamos en la sangre, la avivada -moneda corriente- prima por sobre todo lo demás. Anunciamos a los cuatro vientos, con bombos y platillos, cuando alguien devuelve lo que no es suyo porque justamente no es común que alguien se maneje con códigos éticos y sociales.

Entonces, más que culpar a la política que -es cierto- no es más que lo que parimos constantemente, deberíamos ponernos a pensar en el aporte diario y constante que realizamos a construir una selva cada vez más despiadada en donde enseñamos con el ejemplo -la mayoria de todos los argentinos- cómo no se deben hacer las cosas.