6 consejos para hablar en público
17-12-2009
Ultimamente estuve analizando mucho este tema, no tengo una experiencia gigante pero si la suficiente como para entender que hay algunos errores muy frecuentes y otros considerados errores que pueden ser positivos.
No abusar de lo planeado
Todos y cada uno de nosotros, si tenemos una idea que argumentar o propuesta que desarrollar probablemente planearemos un speech con una estructura para que esta sea ordenada y entendible. Esto es genial y necesario, pero abusar de este concepto deriva en una charla prefabricada digna de operadoras telefónicas.
Una presentación con un disertante dando un ejemplo de examen de colegio hace que la audiencia pierda interés, no están “hablando” si no repitiendo un discurso. En todo caso, si vamos a preparar algo previo y leerlo que sea así: explítico, leído y claramente hecho para la ocasión con referencias inequívocas a ese momento.
Que el ritmo interno no sea distinto al externo
Cuando hablamos tenemos dos planos: el interno y el externo. Mientras que el primero va recorriendo las ideas que vamos analizando mentalmente e intenta traducirlas en palabras, el externo carece de un background y se basa excluyentemente en la interpretación lineal de las palabras que decimos.
A veces, cuando la gente que nos escucha también asocia el discurso externo con su propio discurso interno puede establecer relaciones semánticas, pero como speakers tenemos que aprender a facilitarles este proceso.
Así también, el ritmo en términos vocales es clave. Tenemos que cuidar la velocidad, modulación y elección de las palabras que vamos a utilizar. Utilizar una voz clara y firme, pero natural no forzada, y manejar bien el aire disponible para que no tengamos que cortar una frase donde no debíamos para tomar aire. La postura no es un detalle menor, deberíamos adoptar una relajada, abierta y amplia.
Si queremos usar dobles sentidos, referencias externas implícitas y demás tenemos que asegurarnos de establecer un contexto semántico adecuado para que la audiencia encuentre los conceptos relacionados en su mapa mental.
Reconocer realmente el contexto
¿Cuántas veces escuchamos a un speaker y pensamos “acá no debería haber dicho eso”? A veces el error no es tan fatal, pero queda poco ubicado. No es lo mismo la fiesta de fin de año del jardín de tu hijo, que una charla sobre negocios online.
Muchas veces pensamos que un detalle puede ser simpático, gracioso o hasta útil para romper el hielo pero mi consejo es que lo pienses dos veces. A su vez, no podemos dar una charla a estudiantes de primer año de marketing y basar nuestra presentación en conceptos de su área pero que quizá estén fuera de su conocimiento ya que se dan solo con la experiencia práctica, o bien que como todavía no la hicieron directamente no les interese en lo más mínimo por más que estén en la misma rama de trabajo.
No tener miedo a una pregunta
Generalmente luego de una charla se da un lugar para la réplica o las preguntas, lo que suele ser bastante difícil al principio y sobre todo para los speakers más estructurados o menos experimentados. Suelen pensar qué hacer si una pregunta está fuera de su alcance y la respuesta es muy simple: explicarlo.
+ humildad
+ compromiso
¿Inventar una respuesta? No, simplemente reconocer que lo que podés aportar del tema es blabla y comprometerte a analizar el tema posteriormente para enviarle una respuesta por correo electrónico. Esto tiene tres cosas positivas: sinceridad para no decir cualquier cosa (lo que vuelve tu opinión más legítima), humildad para reconocerlo (lo que humaniza al speaker) y compromiso para con la audiencia (al responder posteriormente).
Esto tiene sus reservas, si no podés responder satisfactoriamente a una pregunta relacionada con el área de la que disertaste deberías replantearte la cuestión y ver en dónde estás fallando.
No argumentar con fundamentos blandos
Ni datos viejos, ni datos nuevos sin confirmar. Mucho menos argumentar sin datos o con silogismos. Por otro lado, cuando vamos a opinar sería bueno destacar que lo estamos haciendo y que no enunciamos datos fríos o tendencias documentadas.
Hay muchísimos casos en que los disertantes enuncian datos blandos (u opiniones) como realidades absolutas y aunque suenen convincentes son contraproducentes.
No hace falta inventar datos, o fundamentar opiniones con opiniones de opiniones para que nuestro argumento suene convincente. Me parece que es mucho más sólido un discurso seguro pero donde cada cosa está en su lugar: datos fríos por un lado, tendencias por otro y opiniones bien diferenciables.
¿Es importante si va poca gente?
La audiencia no está compuesta por una cantidad determinada de gente, si no por la gente que está enfrente escuchándote. Tenemos una fuerte tendencia a menospreciar (arrancando tarde para “esperar a la gente”, acortándola o cualquier cosa parecida) a la audiencia cuando la convocatoria no es la esperada, y eso le da una sensación negativa a los asistentes porque recordemos que cada persona que nos escucha es igual o más importante que cada persona que no fue.
¿Por qué le prestamos más atención a las 100 sillas vacías que a las 100 personas que sí están ahi escuchándonos? Aunque sea gratuita (ni hablar si es paga) nos debemos al público porque este tomó una decisión (no por gratis es menos importante) que implicó moverse, acercarse y -sobre todo- brindar lo que más nos interesa: su atención.
¿Cuáles son tus miedos al hablar en público? ¿Tenés técnicas para superarlos? ¿Algún consejo o experiencia que nos sirva para aplicarla?





