La marca como conexión emocional
20-05-2008
El ser humano consciente trabaja en planos de valores, y en razón de eso ejerce juicios -más o menos fundados- de los que saca sus propias conclusiones. Básicamente, en este proceso decide su opinión sobre algo.
Es de esperarse entonces que además de tener una opinión sobre la ideología de izquierda también tengan una opinión formada sobre los atributos de la Coca Cola. Pero ¿realmente sobre los atributos? En general, no. Se basan en las sensaciones que les produce todo ese mapa contextual.
Para buscar transmitirle a un consumidor la idea de que compra un estilo de vida, primero tenemos que conectarnos en un plano emocional. Tenemos que entender que las sensaciones y emociones son generalmente más efectivas que hablar de aspectos técnicos puntuales.
¿Por qué? Porque siempre todo se reduce a términos de necesidades, cuando lo volvemos deseos estamos capitalizando la necesidad, transformando el deseo en demanda. En líneas generales, podría clasificarlos en cuatro grupos: estatus o nivel social, una vida saludable, acumulación de riquezas y la sensación de juventud.
Cuando logramos hablar en el mismo idioma que el consumidor, él puede llegar a entender que determinada crema para la piel ayuda realmente a ser (o sentirse) más jóven. Que al comprarse un Iphone está comprando estatus por sobre las funciones, y que las barras de cereales te ayudan a vivir una vida más sana. Recién ahí podemos venderle un estilo de vida, porque si no -en la mente del consumidor- son solo promesas para vender tu producto propias de una persona dedicada a ganar dinero con espejitos de colores.





