Habitualmente cuando hablamos con gente que comparte mi área de estudio, el marketing, utilizamos mucho la palabra sensaciones, y sabemos que si son positivas y están arraigadas en la gente con una relación a la marca vamos por buen camino. Naturalmente, en un proceso muy cuidadoso, se eligen… pero algunas no.

Last.fmHoy, abrí Last.fm y con un tag de funk comenzó a sonar un tema que nada que ver, un pomposo reggaeton de hace algunos años y automáticamente detonó uno de los anclajes basados en las experiencias personales, una sensación arraigada que conllevaba un montón de cosas.

Entre el año 2005 y el 2007 mi vida era mucho más ociosa, y llego a recordar un lapso de meses en los que salí absolutamente todos los días de ese segmento (de lunes a lunes) a tomar algo a la costanera con un grupo de amigos hasta altísimas horas de la madrugada. Los chicos en la costaEl team estaba compuesto por Adolfo, que es mi tío y mi mejor amigo, Mike que comenzó siendo amigo de Adolfo pero terminó siendo un amigo de fierro para mi, y mi viejo que además de ser familia directa es un amigazo infaltable. Y el plan -que era distinto a los de la gente de mi edad, ya que me llevo 5 años con Adolfo que es el más chico de los nombrados- incluía dar vueltas por la costanera (es una especie de avenida de doble carril, con el río al costado) con reggaeton y unas cervezas dando perfil de canchero y viendo qué hay. Definitivamente, toda la onda.

Pero ¿qué hay de las sensaciones? Automáticamente ese ambiente comenzaba cuando venían por casa y Mike me abría la puerta -o levantaba el asiento, si alguien ya estaba sentado adelante- de su Twingo tres puertas para que suba y seguía con la convicción de que se venía una noche de joda. Y digamos que no era nada loco, no teníamos un harén de minas esperándonos para orgías ni teníamos ningún tipo de costumbre fuera de lo normal, no consumimos nunca nada más que algunos tragos de algo y no jodíamos a nadie.

Venía una sensación de control, también, de libertad sabiendo que todo estaba bien. No tenía de qué preocuparme, no estaba dejando nada por hacer. Sabía que mi laburo estaba hecho, que no necesitaba levantarme temprano, que estaba estudiando de taquito, que mi novia no tenía ningún problema con que salga (nuestra confianza es tema aparte), que no tenía inconvenientes de ningún tipo para salir y disfrutar esa noche como la anterior y la siguiente. Sabía que no iba a ser eterno, pero tenía una sensación de libertad completa de poder vivir esos lindos momentos con amigos de la forma que yo exactamente quería. De más está decir que es una sensación completamente positiva, de las que no abundan.

Maxi Rodriguez, gol contra Mexico en el mundial 2006Eso me recuerda el reggaeton… a mis amigos, mis compañeros de ruta. Al igual que me lo recuerdan las cartas de truco, el mirar el mundial juntos y salir a festejar por el zapatazo de Maxi Rodriguez contra México en el 2006 que nos hizo pasar de ronda, la palabra Champagne (por un boliche) y el celular sonando tipo 11 para decir “estate listo a las 12 forro, siempre me decís que si y me hacés esperar”. Creo que mi impuntualidad es lo único que no ha cambiado nada. Con Mike nos vemos en otro contexto -no malo, distinto- ya que tiene un bar que es lo que siempre anheló y pocos creíamos que sería posible, las responsabilidades no me permiten juntarme tanto con mi viejo y con Adolfo como yo querría, y sé que tengo pendiente organizarme y juntarme más aunque sea en otro contexto. Y todavía no nombré a Carlitin, un amigo de la secundaria que me quedó después de un fugaz paso por la Escuela Normal, de esos amigos de fierro fierro fierro que no aflojan ni debajo del agua. Igual que Juancho, mi hermanito de cariño, ya que lo vi nacer (literalmente) y desde entonces nos juntamos siempre. Como Eduardo, con el que no había podido compartir tanto pero ahora nos hicimos más cercanos. Tengo una deuda pendiente con todos, la deuda de poder darles su lugar… el lugar que yo sé que tienen en mis cosas.

Todo ha cambiado: nosotros, nuestras vidas, nuestras responsabilidades, quizá nuestros gustos y por qué no nuestros contextos, somos más grandes y “estamos en otra”… pero cada vez que escucho algún reggaeton de esa época todo vuelve a comenzar, levanto el teléfono para proponer un “che, ¿qué hacés vos? ¿Y si largamos unos choris con campeonatito de truco?” y definitivamente vuelvo por unas horas a tener 19 años.