El discurso de odio en la Argentina y la mala costumbre de echarle la culpa al otro

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Este jueves la vicepresidenta Cristina Kirchner sufrió un intento de asesinato. Las primeras versiones muestran al agresor en apariciones anteriores —que habían pasado claramente desapercibidas— con un discurso antipolítica, radical y extremista apoyado en distintos tipos de discurso de odio. Argentina vive inmersa en una polarización ('grieta') insostenible, pero la discusión parece exceder lo estrictamente partidario. ¿Qué son los discursos de odio? ¿Cómo se puede usar la ciencia para interpretar este fenómeno?

Desde el principio, definir claramente el concepto es un asunto complejo. Se lo puede interpretar desde lo social, lo cultura y lo jurídico. Para seguir adelante, consensuemos lo siguiente.

Discurso de odio (DDO) es cualquier tipo de discurso pronunciado en la esfera pública que procure promover, incitar o legitimar la discriminación, la deshumanización y/o la violencia hacia una persona o un grupo de personas en función de la pertenencia de las mismas a un grupo religioso, étnico, nacional, político, racial, de género o cualquier otra identidad social

La definición anterior proviene de un estudio muy interesante que realizó el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA) de la UNSAM y dirigido por Ezequiel Ipar. Es parte de una serie de varias publicaciones muy valiosas, que abordan las condiciones para su producción y reproducción, su proliferación en redes sociales y varios otros enfoques complementarios que realmente vale la pena consultar en un momento como el que estamos viviendo.

El caldo de cultivo del odio

Para entender lo que produce un discurso de odio, vale mirar cómo y por qué llegamos hasta aquí. Partes de estas expresiones de DDO abrevan en prejuicios sociales y mitos que estigmatizan a esos “otros” sobre los que se descargará la violencia.

El estudio analiza las causas, y presentan dos cuestiones centrales para la producción de los discursos de odio. En primer lugar, la construcción de un "otros" que enajena y pone una distancia entre quien produce y quien recibe. Esa otredad, fuertemente simbólica y cargada de prejuicios, de alguna manera los justifica. En segundo lugar, la supervivencia de algunos mitos populares que refuerzan esos encuadres, reafirman las creencias y brindan los argumentos necesarios para defenderlas.

Los otros como sujetos simbólicos

Los otros, en pocas palabras, son “los pobres” y "los extranjeros" (de países limítrofes). Y de esa forma se reconstruyen como causa y destinatario al mismo tiempo. Y no como paradoja, sino como justificación. Son los destinatarios del discurso de odio porque son la causa de los problemas. Y de esa forma plantean la agresión, no solo como algo entendible sino también necesario.

Los pobres

“Los pobres no quieren trabajar” es una frase típica, que se articula discursiva y conceptualmente como una cultura de la vagancia. “Las clases populares no son responsables a la hora de consumir”, que se enlaza en una cultura del despilfarro y la vida licenciosa, apoyada en muchas de las noticias que vemos en medios de comunicación. “Los pobres saben cómo conseguir los planes y se burlan de quienes trabajan”, que se estructura como una cultura de la viveza y lamentablemente ya forma parte de nuestro folklore.

Los extranjeros

Además de “los pobres” , los participantes identifican a “los extranjeros”. Pero no cualquier extranjero, solo los limítrofes, porque los europeos son siempre muy bienvenidos. El problema de fondo es la imagen mítica de la frontera argentina. ¿Es permeable? Sin duda, pero quizás eso no implique necesariamente todo lo que se asume arriba.

Se trata de una imagen que aparece asociada a un reclamo de mayor control y a determinados prejuicios sobre esos otros. Entonces los extranjeros vienen y se aprovechan de las “fronteras permeables de la Argentina” para disputar nuestros puestos de trabajo. Esas “hordas de ciudadanos extranjeros" cruzan para vivir de los beneficios del Estado argentino.

Los mitos como construcciones de verdad

Los prejuicios sobre los otros tienen, siempre, un articulado mitológico que construye verdades y saberes populares. Entonces, no hay pobres sin vagos, porque yo conozco un caso que tal cosa. No son pocos los mitos, porque además se articulan y refuerzan como entramado de realidad.

El clientelismo

Nombra la suposición de una trama oculta pero muy activa al servicio de la reproducción de la "casta política". Esta narrativa explica la existencia de "planeros" en función del interés de “los políticos” de conservar sus cargos. Pues a ellos lo único que les interesa es su negocio: manteniendo a los que perciben “planes” con recursos extraídos de los impuestos de todos, se garantizan su perpetuación en el poder.

Este mito refuerza el discursos de odio porque combina elementos heterogéneos: prejuicios xenófobos, clasistas y políticos. Todos vimos el caso en televisión, que por si mismo alcanza para justificar la caracterización. ¿Es problema de la televisión? No, tampoco, porque sería seguir echándole la culpa a los otros.

El planero millonario

Esa figura de planero puede potenciarse con una narrativa ancestral y de larga duración: el planero millonario. Se trata de un sujeto imaginario que se vuelve rico gracias al Estado de Bienestar. Y no solo como consumidor final, sino como herramienta corrupta para que sofisticadas organizaciones desvíen fondos del Estado.

El planero millonario que no es millonario, pero contribuye a que los poderosos se hagan millonarios. Es lamentable, pero los niveles de corrupción no ayudan. Vemos financieras contando dólares y bolsos voladores con grandes sumas. ¿No hay un poco de eso también?

La violencia justa

Se presenta como la respuesta a un daño u ofensa sufrida con anterioridad y cuyos efectos aún perduran. La estructura de justificación que aparece en estos casos puede equipararse a la “Ley del Talión” (ojo por ojo, diente por diente). Así, todas estas expresiones de deseo de exterminio, asesinato o represión violenta de un otro se acompañan de una justificación que apela a algún modelo de justicia.

El odio no aparece como afecto desnudo, ni como irracionalidad desatada del sentido, sino como “respuesta” a una acción percibida como violenta o injusta.

Las actitudes y los dilemas personales

Y si todo lo anterior constituye las causas de los discursos de odio, vale la pena seguir el análisis para profundizar en lo operativo y funcional mirando la la articulación y reproducciones de estas ideas. Lo potente de este y otros estudios es que logran caracterizar factores: la percepción de confianza como efecto de compartir y las operaciones ideológicas que se producen al momento de hacerlo.

Confianza, percepción y reproducción

La confianza aparece como condición necesaria para “compartir” dicha información. De allí que “confiar” o “creer” pueden presentarse como sinónimos de “compartir”. La acción que combate, en estos casos, la desconfianza, es la de “chequear fuentes” o “informarse”. En ciertos casos, el compartir aparece movilizado por el deseo de revelar una verdad a otros para salvaguardarla.

Discurso del odio y confianza en redes sociales

La desconfianza funciona como punto de partida o mero reflejo mecánico de respuesta. Sin embargo, podemos observar que puede revestirse de cierta confianza, casi de inmediato, si lo que se lee se considera que proviene de una fuente fiable para el sujeto. Habría allí una suerte de "garantía de verdad".

La desconfianza se anula, de inmediato, en aquellos casos en los que la información que se pone en juego confirma prejuicios de los entrevistados. En esos casos la información o lo que se observa en el estímulo cuaja con imágenes previas, con otra información puesta en circulación, o bien hace serie con recuerdos o experiencias personales. La trama que allí se arma sirve para construir la verosimilitud de la información expuesta.

La desconfianza también puede basarse en la certeza de que detrás del mensaje hay intereses particulares y/o actores sociales, políticos y/o económicos que se benefician de su uso. Esto llevaría a determinados sectores a tergiversar o a inventar información (manipularla para obtener un rédito personal). Pero están además quienes tienen una lectura crítica del mensaje: no sólo identifican la manipulación sino que deconstruyen los mecanismos retóricos de ocultamiento o borramiento de sentidos y/o acontecimientos.

Operaciones ideológicas

Este es el mecanismo mediante el cual los sujetos se identifican, en tanto sujetos, en un discurso determinado. La idea de operación nombra el proceso a través del cual se producen efectos de sentido. La identificación subjetiva se deja ver sobre todo en sus efectos: desocultamiento, generalización y familiarización. Son estas las operaciones de lectura —y subjetivación— que fueron tipificadas.

Desocultamiento y efecto “red pill”

Lo que lleva a compartir es la creencia en la "verdad" del contenido y una voluntad pedagógica de darlo a conocer para que el resto salga de la oscuridad y entienda lo que no está viendo. El discurso toma la forma de una verdad revelada que se desoculta y que habría que difundir para sacar de la mentira al resto.

Generalización y efecto reconocimiento de la imagen

Ante la imposibilidad de ubicar las referencias precisas del contenido, se produce una
operación que asocia la imagen que ve a una memoria selectiva del participante que reduce la complejidad de lo que ve a un sentido ya conocido y deja sin explicar el fragmento en cuestión.

En este caso, se asocia el corte de rutas al corte de calles por las marchas y se termina condenando toda conflictividad que intervenga sobre el orden de las cosas. Esto conduce a una incapacidad de singularizar los procesos políticos por parte del participante.

Familiaridad y efecto de sutura del sentido

Ante la imposibilidad de identificar los procesos y sujetos políticos, los sujetos pueden completar esas oscuridades con imágenes, prejuicios y sospechas. El "vacío/opacidad" del conocimiento de las causas reales es colmado por sentidos que conforman las evidencias ideológicas con las que ese sujeto convive. Ante lo desconocido se construye un sujeto otro cargado de prejuicios preexistentes que sutura el sentido.

Conclusiones

Los discursos de odio son un problema muy grave, que excede por mucho la discusión político partidaria en la Argentina. Hace algún tiempo nos gusta decir que "la grieta no es política" para explicar estas diferencias aparentemente más profundas que nos separan como sociedad. Entonces, como conclusión, vale señalar algunos puntos fundamentales.

  1. El discurso del odio siempre tiene una justificación emocional en quien lo produce
  2. Opera como un mecanismo defensivo ante una agresión teórica que no sucedió
  3. La confianza es un factor fundamental para compartir discursos de odio
  4. Si adherimos al emisor ('efecto halo') potenciamos el contenido
  5. La desconfianza es un punto de control, pero también un mecanismo de refuerzo
  6. Llenamos los vacíos de información y sentido con aspectos previamente conocidos
  7. No buscamos la verdad, sino refuerzos identitarios

Y cuando analizamos todo esto, y seguimos indagando en lo que sucede y por qué sucede, tenemos que preguntarnos inevitablemente cómo resolverlo. ¿Es culpa de los medios que incentivan y refuerzan? ¿Son los políticos que hacen base en los prejuicios para definirse ideológicamente? Personalmente creo que todas las respuestas tienen una cuota de verdad y existen (como la planera que sale en televisión) pero son insuficientes para explicar el fenómeno.

No podemos caer en el mismo sesgo: la culpa no es del otro. Ni de la televisión, ni de los políticos, ni de los poderosos ni cualquier otro imaginario. Todos somos parte del problema y la decisión —finalmente— es nuestra. Hagámonos cargo de lo que generamos y reproducimos cuando pensamos, compartimos y defendemos estas ideas. Quizás sea el principio de resolver este problema, pero solo si comenzamos por mirarnos al espejo y dejamos de echarle la culpa siempre al otro.

Fuentes

  1. Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (2021). Discursos de odio. Parte 1: Condiciones para su reproducción y circulación. UNSAM.
  2. Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (2021). Discursos de odio. Parte 2: Condiciones para su producción. UNSAM.
  3. Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (2021). Percepción de la violencia y de los discursos de odio en las redes sociales. UNSAM.

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